Los gigantes del comercio internacional: grandes cargueros

BBC publica un interesante reportaje sobre los grandes barcos de carga, pilar fundamental del comercio mundial (el 90% del comercio mundial depende del mar).

Maersk, que es la compañía de transporte marítimo más grande del mundo, va adquirir 20 nuevos barcos, a 190 millones de dólares cada uno (casi na’, póngame un puñado de esos…) con capacidad para muchos, muchos contenedores (18.000 cada uno). Estos navíos, de tipo “Triple E”, destacan por su capacidad y su tamaño, con 400 m de eslora. Comparando con los existentes:

El transporte por mar es uno de los más ecológicos. Cuanto mas grande sea el barco, mejor. Un carguero supone una emisión de CO2 de entre 5 a 30 veces menos que el transporte por carretera y hasta 100 veces menos que el avión (fuente).

Al parecer lo que tiene previsto Maersk con estos cargueros es que realicen la ruta de mercancías más importante, Asia-Europa, disminuyendo la velocidad para ahorrar combustible (lo que en la jerga del sector llaman “slow-steaming”) y compensando la lentitud con la capacidad de carga.

He aquí a los gigantes del comercio mundial; Lentos pero poderosos.

Anuncios

De piratas, espías y armas

Un carguero con madera es secuestrado en el Báltico, una de las zonas marítimas más transitadas del mundo. Moscú, alegando la nacionalidad de su tripulación, interviene con grandes medios militares en su búsqueda. El carguero aparece pero toma fuerza la teoría de que el fuerte interés de Rusia residía en que no solo transportaba madera

Captura_de_pantalla_2011-08-10_a_las_18

El Arctic Sea, un carguero de 1.600 toneladas, con bandera maltesa, tripulación rusa y propiedad de la compañía finlandesa Solchart, zarpó del puerto de Jakobstad (Finlandia) el 23 de julio rumbo a Bejaia (Argelia), donde tenía previsto llegar el 4 de agosto con su cargamento de maderas, valorado en 1.300.000 euros.  Al día siguiente, ocho hombres abordan el barco con una lancha inflable en una de las zonas marítimas más vigiladas del mundo. El carguero pasa por el Canal de la Mancha y es visto por última vez el 31 de julio por un avión de la guardia costera portuguesa.

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, ordenó entonces a su ministro de Defensa, Anatoli Serdiukov, que tomara “todas las medidas necesarias con el fin de localizar, hacer seguimiento y, si es necesario, liberar al barco”, y las toma. Rusia envía al menos cinco embarcaciones en busca del desaparecido carguero, entre las que se cuentan dos submarinos nucleares y Ladny, un antisubmarinos perteneciente a la Flota Rusa del Mar Negro. En una llamada telefónica a Renaissance Capital, la aseguradora del barco, un hombre exige un millón y medio de dólares por el rescate, advirtiendo que si no entregan el dinero, matarán a la tripulación y hundirán el carguero. 

El 16 de agosto el barco aparece. El Ministro de Defensa ruso comunica que han encontrado el Arctic Sea a 300 millas (alrededor de 500 Km.) de las islas de Cabo Verde, frente a Mauritania. Moscú envía tres aviones Il-76, capaces de transportar 44 toneladas de carga cada uno, para recoger a solo 19 personas: los ocho presuntos secuestradores (cuatro estonios, dos letones y dos rusos) y 11 de los 15 tripulantes.

El navío se dirige a las Islas Canarias para hacer escala, pero la Administración Marítima Portuaria de España deniega la entrada del buque en Las Palmas. El Kremlin retira entonces la solicitud habiendo anunciado su intención de trasladar el barco al puerto ruso de Novorossiysk en el mar Negro.

 ¿Tráfico de armas a espaldas de Rusia?

El periodista Mijaíl Voitenko, editor de una revista del sector marítimo, desveló la misteriosa desaparición del buque en las aguas del Atlántico y fue uno de los primeros en afirmar que el navío no llevaba madera, sino armas. Unos días más tarde abandona Rusia con destino a Turquía, y después Tailandia, por asegurar haber recibido amenazas de muerte. Comentará en una entrevista para la BBC que “mientras esté fuera de Rusia me siento seguro. Al menos ellos no podrán llevarme de vuelta y encerrarme”.

Algunos medios, como el semanario norteamericano Time, apuntan a que los servicios secretos israelíes podrían estar involucrados a fin de evitar un contrabando de armas a Irán o a otro país de Oriente Medio. La prensa especula sobre un cargamento de misiles de crucero X-55 o S-300, y el almirante Tarmo Kouts, relator de la Unión Europea sobre piratería y ex comandante de las Fuerzas Armadas de Estonia, piensa que el Arctic Sea “fue interceptado por agentes al servicio de Israel”. Un hecho apoya esta teoría: el presidente israelí, Simon Peres, realizó una inesperada visita veinticuatro horas después de que el barco fuera localizado y liberado por la Marina rusa. Sin embargo el ministro ruso de Exteriores, Lavrov, niega que el barco llevase misiles S-300 hacia Irán y la fiscalía rusa informa de que los inspectores que han examinado el barco sólo han encontrado madera.

 Lo sucedido realmente en el Arctic Sea sigue, a día de hoy, siendo un misterio. Muchos elementos apuntan a que esta es una de esas ocasiones en que la realidad supera a la ficción. Veremos cuanto tarda en aparecer la película.